¿Venezuela, una Democracia? (2015)

Actualmente, la democracia es el modelo político mejor valorado a nivel global en cuanto a forma de organización política de un estado. Es tan positiva la visión que se tiene de este sistema que algunos estados dicen cumplir los requisitos para ser considerados como democráticos mientras que los criterios o características comunes que comparten confirman que realmente no lo son; este es el caso de Venezuela.

El “denominador común” de las democracias es que está conformado por 6 factores que rigen lo que tendría que ser un estado para ser considerado como democrático. Si nos basamos en el informe del “International Institute for Democracy and Electoral Assistance” o IDEA (2014), el cual analiza mediante 8 dimensiones el estado de las democracias en Latinoamérica, podemos constatar que concretamente Venezuela se encuentra en la cola de: estado de derecho, rendición de cuentas electoral, responsabilidad interinstitucional, participación política, competencia política, libertad, solidaridad/igualdad y capacidad de respuesta.

El IDEA nos indica que en Venezuela no se garantiza la neutralidad en el sistema de votaciones, tampoco hay libertad de organización política (ya que el estado coacciona a la oposición) y limita el financiamiento a los partidos ajenos al gobierno, pero no al propio. Debido a estos hechos y entre otros, no se ha permitido la existencia de una oposición fuerte y permanente. Basándonos en el denominador común de las democracias, podemos afirmar que existen restricciones en el acceso a cualquier actividad política para cualquier miembro de la comunidad, de capacidad para asociarse a grupos políticos independientes y una falta de libertad e imparcialidad en cuanto a la elección de las autoridades.

El siguiente factor a considerar es que haya un control permanente sobre las autoridades públicas, lo que nos lleva a afirmar que Venezuela no sería un estado de derecho ya que no existe independencia en el poder judicial a causa de que los pocos jueces ejerciendo son elegidos por el propio gobierno. Por lo tanto, sin la posibilidad de que la autoridad quede sometida a la Ley, la plena soberanía del estado recae en el presidente y su entramado burocrático, haciendo que el poder del pueblo se concentre definitivamente a manos de unos pocos.

Otro aspecto a tener en consideración es que en Venezuela no existe libertad de expresión, de prensa, ni se permite una oposición seria que le pueda hacer la competencia al gobierno. En los últimos tiempos ha habido muchas denuncias sobre una fuerte y violenta represión por parte de la autoridad contra activistas civiles y políticos, incluso con prácticas de tortura. Esto no sería posible sin las limitaciones y presiones por parte del gobierno, ejerciendo un control abusivo de las emisoras y medios de comunicación con la burda finalidad de hacerse propaganda.

La política en todo sistema democrático pretende garantizar la cohesión y la integridad social a través de la representación y aprobación de normas que regulen y limiten el control social en base a unos principios y derechos emanados directa o indirectamente por el pueblo. Para que haya democracia primero de todo hace falta que la mayoría de la sociedad esté conforme con el propio sistema y con sus objetivos. En Venezuela aproximadamente un 80% de la población está a favor y considera que la democracia es el modelo óptimo para gobernar. Ahora bien, si nos fijamos en la legitimidad percibida, es decir, en el grado de aceptación social sobre las propuestas ejecutadas por el gobierno, más del 50% de la población considera que en su país no hay democracia y el estado es considerado como poco democrático.

La democracia sustantiva tiene como objetivo mantener la cohesión social entre los individuos de la comunidad. Si confrontamos las dos posiciones, el 80% de partidarios que consideran la democracia como la forma óptima de gobierno contra el 50% de individuos que consideran que no viven en un estado con plenas garantías democráticas, restando estas dos opiniones, tenemos que existe un 30% de la población a favor de la democracia y que considera al gobierno y estado democrático. Lógicamente, un 30% es una minoría de la población. Partiendo de esta base, el conflicto entre demócratas contrarios al gobierno y los que se consideran demócratas pero que representan una minoría ilegítima es evidente, con lo cual, ante las protestas de los contrarios a la autoridad surge un conflicto social que genera disgregación social. En definitiva, si la democracia tenía que servir para garantizar la cohesión, entones es más que evidente que aquí no hay democracia.

 

 

 

 

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Sumisión al Estado

¿Por qué los Liberales están tan mal vistos entre la sociedad y por qué el Liberalismo no está tan bien acogido como otros modelos socialistas o socialdemócratas? Como no soy economista y mis conocimientos acerca de esta materia también son escasos, solo se me ocurren algunas simples razones a nivel más psicológico y jurídico-histórico que me podrían ayudar a intentar explicar este suceso.

Si nos centramos en la historia política de este país y los motivos que lo llevaron a crear el Estado de Derecho actual, podremos entrever algunas causalidades de los propios acontecimientos que propiciaron y evocaron a la sociedad a caer en un tejemaneje de los poderes públicos del que sin una clara conciencia individualista y no manipulada podía uno difícilmente salirse.

Hace falta remontarnos hasta el siglo XVIII, esa época nombrada Antiguo Régimen, para poder explicar la aparición de un aparato al servicio del poder de carácter administrativo que, a petición del monarca, se subordinaría al antiguo derecho vigente. En efecto, en el Estado absolutista tenían una especie de administración central con unidades especiales repartidas según sus propias funciones que sometidas a las normas creadas por un individuo empezarían a desarrollar eso que hoy en día llamamos administraciones públicas. “Estado de policía” concretamente se denominaba, y en donde la policía era aquella cosa que teóricamente acabaría con las diferencias político-estamentales y que tendría por objetivo promover el interés público por encima de cualquier atisbo de individualismo.

Llegó la revolución francesa y sus posteriores revoluciones liberales -no hace falta que diga querido lector que estas fueron un cáncer para el pensamiento individual-. Con ellas se formó un sistema político donde el epicentro del movimiento se hallaría en la soberanía nacional, tal y como lo estipula la Declaración de los Derechos del hombre y el Ciudadano (1789). El poder no era del hombre ya, sino de la nación. Esta premisa generó un marco mental importante porque la dependencia al Estado se iba conformando a medida que se iba limitando también el ámbito de actuación individual por la vía normativa. Pensemos y pongámonos en la piel de quienes ahora pasan a creer en la fuerza de esa nación que ha conseguido tumbar siglos de absolutismo. Seguramente pensarían: somos el colectivo (una nación), al colectivo lo protege el Estado, es necesario el Estado para que no salgamos perjudicados. ¿Entonces qué ocurrió? Evidentemente el Estado legisló para auto-protegerse y a su vez proteger a la nación. Generó tribunales siguiendo el esquema en cuanto a la separación de poderes planteado por Montesquieu, pero en vez de someter el ejecutivo al judicial, este último no podía entrometerse en los asuntos públicos. Es por esta razón que se creó el Consejo de Estado, órgano propio de la Administración pública para controlar su actividad y garantizar esos derechos. Este hecho propició que como el control de la Administración se encontraba lejos de los tribunales ordinarios, generó más reglas específicas para la Administración y más volumen de control. La Administración quedaba limitada, sí, pero cada vez era más sólida, grande y con más peso. En resumen, a partir de ese momento se separaron dos tipos de derecho: por un lado, uno controlado por el poder judicial que se aplicaba a las relaciones privadas, y por el otro el que controlado por el Consejo de Estado se aplicaba a las relaciones entre particulares y la Administración pública.

Muy lejos de los postulados planteados por los primeros teóricos liberales en cuanto al uso del aparato estatal, es decir, libre desarrollo de la economía de mercado, seguridad, instrucción y servicios mínimos, las revoluciones liberales trajeron con ellas una Administración pública más articulada como consecuencia también de la alta demanda social por incrementar el intervencionismo estatal. Nos encontramos entonces una sociedad que, ante el auge de la actividad industrial y la necesidad de innovación en servicios e infraestructuras, cede la responsabilidad de sus inversiones al Estado.

El desarrollo económico surgido durante la segunda mitad del s.XIX, trajo consigo la revolución industrial, el crecimiento de las urbes, servicios y con ellas también la aparición del socialismo y movimiento obrero que descontentos con su situación, lucharon no contra, sino a favor del estado con la finalidad de conseguir más intervencionismo y servicios asistenciales. No es extraño entonces que a mayor volumen de control ejercido por parte del estado mayor sea la tentación de algunos individuos por hacerse con el poder. Con el pretexto de “luchamos por el pueblo” o “somos el pueblo” todo socialista lo que en realidad está pretendiendo es otorgar el poder, la coerción y la riqueza a un grupo privilegiado de individuos, aquellas minorías que con su lucha no respetan el libre desarrollo de los individuos ni de los mercados y que solo requieren el estado para satisfacer sus intereses, los de una oligarquía manipuladora y destructora de mercados.

Llegó el s.XX el cual sirvió para reafirmar el papel prestacional e intervencionista del Estado. La crisis del 29, las dos guerras mundiales y el cambio de paradigma en cuanto a las libertades y derechos de los individuos centrados en el colectivo y la nación, supusieron la aceptación global del estado social y democrático de derecho como garante del bienestar social y de los objetivos públicos planteados. Nos lo venden como que el estado es el medio óptimo de redistribución, sin embargo, lo que no explican es que esta súper intervención en la economía lejos de conllevar redistribución de riqueza más bien lo que consigue es su destrucción. De estado regulador de mínimos, a gestoría. De redistribución de riqueza, a destrucción de riqueza. Viendo los antecedentes, es fácil entender como los regímenes comunistas utilizan la violencia para conseguir y mantenerse en el poder. Es el caos y la pobreza lo que correlaciona con la necesidad de gestión y asistencia social, es por esta razón que el socialismo genera pobreza, porque la dependencia y necesidad favorecen el asentamiento del poder a aquellos que ofrecen fórmulas y soluciones mágicas para quienes se encuentran en situación de riesgo y de vulnerabilidad.

Decía Mills (1967), “los grupos son unidades compuestas por dos o más personas que entran en contacto para lograr un objetivo, y que consideran que dicho contacto es significativo para ellos”.  Esta participación es voluntaria y el aspecto motivacional es determinante, puesto que los individuos establecen objetivos con el fin de tratar de satisfacer sus propias necesidades. La relación de interdependencia que se crea entre sus miembros cuando el objetivo es común además hace que sea cada vez más complicado salirse del objetivo grupal. Es decir, el Estado muy inteligentemente ha establecido un objetivo común, el bienestar, y mediante la participación democrática y la necesidad de riqueza, ha hecho partícipe y voluntaria la adherencia de los individuos al sistema, generando una situación de dependencia que lejos de beneficiar los bolsillos de los ciudadanos, solo sirve para mantener el aparato y gestionar unos servicios que se encontrarían muy lejos de su buen potencial.

La identidad es otra variable importante a destacar. La pertenencia al grupo, en este caso al aparato estatal, hace que los individuos desarrollen una especie de conciencia colectiva, a definirse como grupo y a compartir una identidad común (Turner, 1987). Son grupo porque sus individuos se consideran grupo debido a su interdependencia e identidad, lo que conlleva a la formación grupal y a las rivalidades grupales, es decir, el endogrupo o propio grupo ve como enemigo al exogrupo y a todo aquel individuo que pueda amenazar su status quo. La nación así adquiere sentido, como forma identitaria y colectiva de protección de los intereses de un grupo que se forma a la vez para conseguir el control y el poder a través de unos pocos interesados.

Fue Le Bon en su obra “Psicología de las masas” (1895) el primero que habló del concepto “mente de grupo”, también de la masa como elemento patológico y de su influencia negativa sobre los individuos. Decía Le Bon que los individuos viven en grupo y estos conforman la masa que a la vez genera una “alma colectiva” que sigue sus propias leyes y no se puede describir por las características de los propios individuos que la componen. Por tanto, la masa es una, forma un solo ser y está sometida a lo que él nombra “Ley de la unidad mental de la masa”.

Lo más preocupante es que cuando el hombre forma parte de la masa a través de la sugestión y contagio se despersonaliza y guía sus intenciones en una misma dirección, conforme a la tendencia que genera el alma colectiva. El individuo pierde su identidad en pro del colectivo, solo por pertenecer a esa masa. Su conciencia deja paso al inconsciente, y por ende “desciende varios peldaños en la escala de la civilización” (Le Bon, 1895). La masa potencia los instintos básicos y primitivos del individuo: la inteligencia y educación dejan paso a la rabia e ira, que obviamente se trasladan a un plano colectivo.

Cuando existe el pensamiento grupal como puede ser el Estado socialista impuesto como un objetivo grupal de bienestar, es complicado romper con esa interdependencia establecida, porque el endogrupo te asocia como parte del exogrupo y es entonces cuando se genera rabia y violencia, promovido por una masa en la que no existe el pensamiento individual y que se ha irracionalizado con el objetivo de satisfacer el interés común. Es por esta razón que todas las medidas liberales que se proponen son rechazadas por esta masa acrítica que defiende el endogrupo, es decir, un Estado grande, aquel que en su ideario colectivo y fantasioso le va a recompensar a nivel asistencial.

La legalización del Cannabis, una necesidad

La adolescencia es esa etapa de desarrollo comprendida entre los 12 y 19 años de edad en la cual los chicos, entre otras tantas características, presentan rasgos de no reconocimiento a la autoridad así como también desafío y aversión por las normas que les son interpuestas. Aunque este principio no es inamovible en el tiempo e irá decreciendo con los años, sí que todavía puede perdurar durante la juventud y adultez.
Es interesante recalcar este dato porque a pesar de la insistencia del Estado en prohibirnos cosas, es propio de la naturaleza de los individuos hacer caso omiso, en la medida de nuestras posibilidades, a aquello que va en contra de nuestra voluntad o deseo. Tanto es así que, a pesar de que los artículos 368 y 369 del Código Penal expresamente prohíben la venta y el incentivo al consumo de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, un estudio realizado por el Observatorio europeo de las Drogas (2016) muestra como el consumo de cannabis, líder indiscutible en drogas, constituye un mercado de casi 40 millones de consumidores de los cuales un 6.6% son adultos y un 13.3% son adultos jóvenes con edades comprendidas entre los 15 y 34 años.
Lejos las medidas restrictivas de impedir el incremento de la actividad, en Europa el consumo de cannabis (ya sea en resina o hierba) ha incrementado considerablemente. Solo en el 2014 se incautaron casi 600 toneladas de resina en toda la Unión Europea con precios que oscilaban entre los 9 y 12€ por gramo y 140 toneladas en hierba con precios que iban desde los 7 a los 11€. Cabe destacar que España es el líder indiscutible de la UE en cuanto a número de incautaciones con ni más ni menos que 175 mil en el 2014 seguido por el Reino Unido con unas 147 mil. Si nos fijamos en el consumo, durante los últimos años España es uno de los países con más consumidores jóvenes a nivel Europeo con un 17% de consumidores, solo superado por Italia, Dinamarca, República Checa y Francia donde esta última lidera el ranking con un 22.1%. Si cogemos por referencia Holanda (15%), donde la venta está permitida con ciertas restricciones a menores de 18 años y a grandes cantidades, o por ejemplo Portugal (5.1%) que ha despenalizado la posesión de todas la drogas, vemos que el consumo en jóvenes y jóvenes adultos es igualmente inferior en estos países a pesar de estar permitido.
Queda demostrado que la prohibición estatal, aparte de ser éticamente un despropósito por incidir en un ámbito de interés individual y privado, no previene ni hace decaer el consumo de marihuana, al contrario. Portugal se ha convertido en referencia Europea por tomar medidas desreguladoras que han favorecido la desestigmatización social de aquellos consumidores habituales y que gracias a la despenalización han visto como ha incrementado el acceso e información a nivel de salud para poder llevar así un tratamiento adecuado a sus circunstancias. Más libertad y menos intromisión por parte del Estado.

Guerra contra Daesh

Alguns articles que valoren costos-beneficis de la intervenció militar contra Daesh, justifiquen que la guerra no surt a compte si es compten les pèrdues generades. Evidentment que una guerra genera costos i a curt termini cert que no es visualitzen beneficis, però em preocupa més la situació a llarg.

És un conflicte molt complex, que ve de força lluny, previ a la repartició de l’imperi otomà. El que sí m’atreviria a afirmar és que existeix una característica comuna que es va repetint durant tot aquest temps, ja sigui per exemple en la revolució dels joves turcs vs Hamid II o la Guerra civil Síria: amb el pretext d’enderrocar tiranies i/o imposar règims constitucionalistes, s’imposen o volen imposar altres tirans.

Amb la primera Guerra mundial i la repartició de l’imperi Otomà entre britànics i francesos, queda la idea de culpabilitat sobre occident per part de la comunitat musulmana atribuint-los el declivi i l’occidentalització del territori. Post 2a Guerra Mundial es crea l’Estat d’Israel i USA s’hi posiciona favorablement, això és motiu de guerra per part de la futura Al Qaeda que es forma arran que Afganistan planti cara a la URSS durant la guerra freda, generant soldats armats cada cop més radicalitzats contra occident. Vull dir, no només és necessari analitzar costos/beneficis a curt termini, sinó que també cal pensar en els motius ideològics i/o religiosos com a predictors de les possibles futures conseqüències: L’Islam vs. Occident.

S’han generat dos blocs clarament diferenciats però no menys heterogenis, i és que no tots els musulmans són radicals, però Al Qaeda ha estès la idea que tot i la no-agressió dels contraris, l’Alcorà diu que han de lluitar contra els infidels per imposar la seva religió i així salvar el món d’aquest perill. És a dir, encara que existís un suposat principi de no-agressió, el gihadisme no estaria disposat a respectar aquesta llibertat.

Poc després de l’11-S Bin Laden amenaçava USA que no pararien fins que no exterminessin els jueus d’Israel (2001). En tensió constant i Estats Units posat com a garant de l’ordre internacional, Bush el 2003 decideix envair Iraq per enderrocar el règim de Sadam Hussein. Al final el que va provocar la invasió d’Iraq a través de les presons militars va ser la creació del Daesh. És cert que ISIS es crea per culpa del fatal intervencionisme de Bush, però Al Qaeda ja actuava d’abans i en aquests territoris sempre hi ha hagut pugna entre models polítics més occidentalitzats/secularitzats Vs. islàmics.

Al Baghdadi i seguidors busquen la creació d’un califat que es pugui autofinançar, per això reben ajuda dels països del Golf. Hi ha dubtes sobre l’extensió del Califat, però ja s’ha escoltat en repetides ocasions que no es centraria exclusivament en l’Orient pròxim si no que hi ha intensions de fer-lo extensiu també en territori occidental. És a dir, existeix una amenaça real en potència que cal frenar.

islam will conquer

Què tenim ara? Aprofitant el conflicte intern i inestabilitat existent tant a Síria com a Iraq, ISIS sobre el 2014 aconsegueix envair la meitat de Síria i 1/3a part d’Iraq; només a Raqqa són 100.000 persones. A través de la invasió de les ciutats atraquen bancs i ciutadans. Només amb la conquesta de Mosul, ciutat clau per trobar-s’hi els principals bancs d’Iraq, ISIS aconsegueix milers de milions de dollars. 1/4 part dels ingressos d’Estat Islàmic vénen del petroli; es calcula que generen uns 600M$ a l’any. Exploten els pous d’una manera molt barroera però venen el petroli 1 terç més barat que a preu de mercat. També passa així amb el cotó. Fabriquen cotó de mala qualitat i el venen al mercat negre, en gran part a Turquía.

Aquest però no és el seu objectiu. ISIS va dominant el mercat amb la finalitat d’engrandir el territori, i és que no és menys important destacar que l’única manera de frenar les aspiracions napoleòniques de Hitler durant la 2a Guerra Mundial, després del fracassat acord de Munich (1938), va ser declarant-li la guerra a Alemanya. No és només ISIS, és l’islamisme radical armat contra occident que està en constant expansió des del final de la guerra freda i que a igual que Hitler, no sembla que tinguin intensions de rendir-se; és més, a diferència de Hitler, ells no amaguen en aquesta fase inicial d’intencions bèl·liques clares.

Les causes d’aquest conflicte són polítiques i econòmiques, però també ho són religioses. Aquesta darrera és la que em fa patir més; el fanatisme i irracionalitat, valgui la redundància, són difícils de combatre de manera civilitzada. Aquesta és una guerra psicològica i militar de captació, conquesta, adoctrinament i inferir odi cap a tot allò que tingui aires occidentals on la imposició de la Sharia és una autèntica agressió contra l’Estat de dret i les llibertats bàsiques que des d’occident s’han anat acceptant des de ben bé el s.XVII. Hem de tenir present que sense una bona resposta a temps, prevenció i forta intervenció militar, augmentem dràsticament el risc pel que fa a un perill futur. L’amenaça és real i va sense fre, i contra qui no entén de lleis ni raons, la força és l’única arma que els pot aturar.

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2 primeres FOTOS extretes de: ISIS Women Unveiled (Terrorism Documentary) – Real Stories

Veneçuela, una democràcia?

Actualment, la democràcia és el model polític més ben valorat a nivell global com a mode d’organització política d’un estat. És tan la visió positiva que se’n té d’aquest sistema que alguns estats diuen complir els requisits per ser considerats estats democràtics quan els criteris o característiques comunes que comparteixen confirmen que realment no ho són; aquest és el cas de Veneçuela.

El “denominador comú” de les democràcies està conformat per 6 factors que regeixen el que hauria de ser considerat un estat democràtic. Si ens basem en l’informe de l’International Institute for Democracy and Electoral Assistance o IDEA (2014) pel que fa a l’estat de les democràcies a Amèrica llatina, podem constatar que concretament Veneçuela està a la cua en les 8 dimensions que analitza: estat de dret, rendició de comptes electoral, responsabilitat interinstitucional, participació política, competència política, llibertat, solidaritat/igualtat i capacitat de resposta.

L’ IDEA ens informa com a Veneçuela no es garanteix la neutralitat en el sistema de votacions, tampoc hi ha llibertat d’organització política -ja que l’estat coacciona a l’oposició- i finalment limita el finançament als partits aliens al govern, però no al propi. A causa d’aquests fets (entre d’altres) no s’ha permès l’existència d’una oposició forta i permanent. Basant-nos en el denominador comú de les democràcies podem afirmar que existeix una absència de restriccions en l’accés a qualsevol activitat política per a qualsevol membre de la comunitat, de capacitat per associar-se en grups polítics independents i una manca de llibertat i imparcialitat en quant a l’elecció electoral de les autoritats.

El següent factor a considerar és que hi hagi un control permanent sobre les autoritats públiques. L’IDEA ens informa com Veneçuela no seria un estat de dret ja que no existeix independència entre el poder judicial i el govern degut a que els pocs jutges exercint són escollits pel mateix govern. Per tant, sense la possibilitat que l’autoritat quedi sotmesa a les lleis, la plena sobirania de l’estat recau en el president i el seu entramat burocràtic, fent que el poder del poble, a diferència del que proposa la democràcia, es concentri a mans d’uns pocs.

Un altre aspecte a tenir en compte és que a Veneçuela no hi ha llibertat d’expressió, ni es permet per part del govern una oposició seriosa que li pugui fer la competència. L’IDEA afirma que en els últims temps hi ha hagut moltes denúncies d’una forta i violenta repressió per part de l’autoritat contra els activistes civils i polítics, fins i tot amb pràctiques de tortura. També destacar que no existeix llibertat de premsa ja que existeixen limitacions per part del govern, pressions i control abusiu de les emissores amb la finalitat de fer-se autopropaganda.

La política en tot sistema democràtic pretén garantir la cohesió i integritat social a través de la representació i aprovació de normes que regulen i limiten el control social en base a uns principis i drets emanats directa o indirectament pel poble. Perquè hi hagi democràcia primer de tot cal que la majoria de la societat estigui conforme amb el propi sistema i amb els seus objectius. Si mirem l’informe de l’IDEA, a Veneçuela aproximadament un 80% de la població està a favor i considera que la democràcia és el model òptim per governar. Ara bé, si ens fixem en la legitimitat percebuda, és a dir, en el grau d’acceptació social en base a les propostes executades pel govern i el propi govern, més del 50% de la població considera que en el seu país no hi ha democràcia o, si més no, l’estat és poc democràtic. La democràcia substantiva entre d’altres, té com a objectiu mantenir la cohesió social entre els individus de la comunitat. Si confrontem les dues posicions, entre el 80% de partidaris que consideren la democràcia la forma òptima de govern contra el més del 50% d’individus que consideren que no viuen en un estat amb plenes garanties democràtiques, restant aquestes dues visions, només queda un 30% de la població a favor de la democràcia que consideri el govern i el sistema veneçolà democràtic. Lògicament, un 30% és una minoria de la població. Partint d’aquesta base, el conflicte entre demòcrates contraris al govern i els que es consideren demòcrates però que representen una minoria (legal però il·legítima) està garantit, fet pel qual, davant les protestes dels contraris a l’autoritat i del propi conflicte, en sortirà un conflicte social que generarà disgregació social. Si la democràcia havia de servir per garantir la cohesió, aleshores aquesta també hauria de se majoritària.

Sense majoria no hi ha cohesió i sense cohesió no hi ha democràcia.